Estudio de Univ. de Rice: Las aguas de desecho del fracking deben ser tratadas de forma específica si no se quiere dañar seriamente el medio ambiente.

Algunos de los aditivos y las enormes cantidades de agua implicadas en el fracking hacen de ésta una actividad con un impacto medioambiental potencialmente muy grande.

Debido a la composición de las rocas que rompe, el líquido de base acuosa que resulta después de la extracción tiene una composición rica en sales y contenido orgánico, que incluye hidrocarburos, grasas y materia biológica. Esto implica que no puede reutilizarse tal como está, y mucho menos verterse a ríos o acuíferos(como se hace en EEUU), lo que significa que debe tratarse.

En un estudio llevado a cabo por los investigadores Andrew Barron y Samuel Maguire-Boyle, de la Universidad de Rice (EE.UU.), se ha analizado cuál sería la mejor forma de tratar este efluente.

Un primer paso ha consistido en analizar su composición. Sorprendentemente la mayor parte de la materia orgánica la constituyen hidrocarburos relativamente simples, a diferencia de los efluentes de las plantas de metano de lechos de carbón, en la que estos compuestos son mayoritariamente hidrocarburos poliaromáticos muy tóxicos.

La explicación es relativamente sencilla: un aspecto interesante de los esquistos es que los compuestos químicos que encierran no han sufrido prácticamente alteraciones desde que se formaron a partir de restos de plantas y animales allá por el Jurásico (hace más de 140 millones de años). Por otra parte la baja permeabilidad de los esquistos significa que retienen la salinidad del agua de mar. Por lo tanto, cuando el esquisto entra en contacto con el fluido de fracking todas estas sales, compuestos y minerales orgánicos se solubilizan. El efluente que sale a la superficie está lleno de salinas prehistoricas.

Este tipo de composición indica que los tratamientos de aguas convencionales no son precisamente los mejores para este caso. En la actualidad las plantas de tratamiento emplean oxidantes que contienen elementos halógenos, como el cloro o el bromo, para eliminar las bacterias del agua. Si el efluente del fracking sufriese el mismo tratamiento estos oxidantes podrían reaccionar con los hidrocarburos produciendo clorocarbonos y organobromuros, más peligrosos que los propios hidrocarburos tratados.drillingwastepitwisecotxphotobytxsharon

Esto significa que las plantas de tratamiento de los efluentes de la obtención de gas de esquisto por fracking deberían construirse y diseñarse específicamente, enfatizando el empleo de métodos físicos de separación, frente a los químicos. Lamentablemente, estos tratamientos son más lentos e intensivos en superficie necesaria, con lo que los costes subirán. Pero nuestra independencia energética del petróleo, con las presiones geopolíticas añadidas, no puede venir a costa de destruir el medio ambiente.

No obstante las primeras noticias de este estudio parece que no mencionan otro enorme problema de las aguas de retorno de fracking, cual es la liberacion de metales pesados y/o radiactivos que se encuentran atrapados en el subsuelo y son llevados a la superficie hacia las balsas de desechos.

Un informe del Instituto Geologico y Minero de España (IGME) enumera una serie de zonas donde debiera prohibirse la fractura hidráulica, y describe más de cuarenta incidentes en EEUU relacionados con vertidos en superficie y fallos en perforaciones profundas, movilizaciones de fallas que producen microseísmos. También reseña el carácter contaminante de muchos de los aditivos químicos que se inyectan en la fractura hidráulica, y la liberación de metales pesados, sustancias radiactivas y microcontaminantes orgánicos contenidos en el propio terreno, la contaminación de acuíferos por pozos en funcionamiento o abandonados y la necesidad de redes de control, previas, durante y en la fase posterior a la explotación.

 

 Junta de Castilla y León , Diputacion de Burgos, Ministerio de Industria , Ministro Soria.